Morrison Blues
Un niño nace de la lectura ajena. La memoria de un niño nace de un libro deshojado que su abuela y su tía le leen una y otra vez, antes de que todo (como siempre sucede) se complique. Desde ahí, entre un copo de algodón como origen de la soledad y un río desbordado en la llanura como su corolario, ese niño “lector” se convierte en un hombre escritor y, casi sin remedio, en el ingeniero de su propia fábula. Este relato honra las raíces del género que recoge desde su título, porque se trata de una pieza de tempo lento desplegada como sentimiento escritural. No sé si la franqueza es un valor, pero sí sé que no es fácil elaborar una ficción franca. No es fácil mostrar honestidad desde el artificio literario porque ni siquiera la verdad es honesta. Un relato franco es más que un buen relato: es realmente “otra cosa” que funde al lector con las contradicciones de aquello que ha sido puesto a prueba. Ricardo Irastorza pone aquí su prosa al servicio de una vida, que puede ser la propia o no, p...